Ante la necesidad de manifestarnos en una fecha tan señalada y por una causa, esto ante todo, tan importante como es para un comunista exigir los derechos de las mujeres trabajadoras, Gazte Komunistak salió en Pamplona a la calle con pancarta y octavillas propias.Nada más aterrizar en la Plaza del Castillo y sin haber desplegado siquiera la pancarta, los dos camaradas que la sujetaban fueron arrastrados por un puñado de señores vestidos de azul (pero sin camisita ni canesú) hasta una esquina alejada mientras los manifestantes pitaban y empezaban a revolverse. Tras quedarse la pancarta -les gustó demasiado- y hacer a los camaradas identificarse y sacar hasta el último y moqueado pañuelo de sus bolsillos, los dejaron volver a la manifestación.
Aqui se ve el momento en el que ocurre, por el segundo 17
De nuevo en la Plaza, la gente se había sentado y portaban carteles de colores. Fue divertido. Varios señores vestidos de azul se pusieron en el centro del corro que habíamos formado, pero no sé por qué ellos no se sentaron con nosotros. Quizá fuera porque no se sabían las canciones: 'feminismo pa` lante, el machismo pa´ trás lalala lala la' como véis es fácil. Alguno de los señores vestidos de azul incluso tuvo que bajarse el gorrito porque no podía disimular su risa.
Salieron entre aplausos y gritos del círculo y se ve que les gustó también la idea, porque esta vez fueron ellos, con más amiguitos que habían llamado por esos teléfonos tan raros, los que nos rodearon. Los manifestantes nos levantamos y empezamos a movernos. Mezclados entre la gente, los camaradas de GK repartimos la mayoría de los panfletos. Uno de los señores de azul era un poco caprichoso y quiso que todos jugáramos al gato y al ratón. Así que dió un par de disparos al aire con una pistola que tenía llena de pelotitas y tuvimos que salir corriendo. Qué egoísta.
Varias señoras se quedaron sentadas y recibieron porrazos por no querer jugar. Otros nos refugiábamos en bares y salíamos de nuevo a la calle para gritar. Pero habían cortado las entradas a la Plaza del Castillo.
Persiguieron a la gente, que fue disolviéndose por las distintas calles del casco viejo. Los que conseguimos volver a la Plaza, nos encontramos con un grupo de niños con sus padres justo delante de donde los señores de azul se empeñaban en perseguir al resto. Ya de vuelta a la sede del Partido una mujer le dijo a un señor vestido de azul: '¿Ya vas a poder dormir esta noche, persiguiendo a abuelas y niños?' y él, que para mi sorpresa hablaba, le espetó: 'Y todas las de mi vida'.Oímos una ambulancia y vimos que los señores vestidos de azul y con gorrito habían llamado otros amigos, unos con gorrito rojo. Pero ya no hacía falta. Habían conseguido amargarnos la manifestación por los derechos de la mujer trabajadora.
Y lo peor de todo es que como casi siempre, las manos no tienen más culpa que el cerebro.
Carmen Madorrán Ayerra.



